Nuevo León se queda con La Boca seca

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La presa La Boca luce desolada, seca, con embarcaciones encalladas en la tierra ya desértica. Donde había un cuerpo de agua lleno de vida, sólo quedan unos cuantos patos que se resisten a abandonar el que fue su hogar.

Esta postal de tintes apocalípticos refleja la catástrofe anunciada desde principios del año, a causa de la sequía que enfrenta la entidad por la ausencia de lluvias en 2021 y que tiene a Monterrey y su zona metropolitana sin agua la mayor parte del día.

La crisis de agua en Nuevo León se advertía desde principios de febrero, cuando El Sol de México dio cuenta del vaciamiento de la presa La Boca, lo cual fue aprovechado por colectivos de búsqueda de desaparecidos y las Fiscalías de Nuevo León y Coahuila para investigar la posible presencia de restos humanos.

En ese entonces, la presa estaba al 22 por ciento de su capacidad y el alcalde de Santiago, David de la Peña, advirtió que el cuerpo de agua agonizaba debido a que era el nivel de agua más bajo en toda su historia.- Nuevo León se queda con La Boca seca - nacional

Hoy, la presa tiene menos del siete por ciento de los 37 millones de metros cúbicos que puede almacenar.

Ramiro Olvera trabaja en la Pescadería Veracruz, ubicada a un lado de la presa. Desde la puerta del negocio observa con tristeza el lecho seco y afirma que nunca en sus 44 años de vida había visto una catástrofe de esta naturaleza.

“Han caído las ventas y las visitas hasta en un 50 por ciento. Los clientes vienen a los negocios a comer, solamente a eso. Anteriormente se abarrotaba todo, subían al catamarán, tomaban cerveza, turisteaban”, dijo el hombre.

Ramiro trabaja desde hace más de 20 años en la zona, y aunque sus clientes siguen visitando el lugar, dice que ya no es lo mismo de antes. Cuando la presa estaba rebosante de agua había vida y alegría en todos, pues con el tiempo La Boca se convirtió en un atractivo turístico.

Parte de la vida que se aferra a este cuerpo de agua seco es la de las aves acuáticas de la familia anatidae, mejor conocidas como patos, especie migratoria que suele vivir cerca de hábitats de agua dulce o salada, como lagunas, pantanos y presas.

Incluso sin agua, alrededor de una treintena de patos siguen su instinto y se aferran en las inmediaciones de La Boca, donde habitan cerca de los pocos charcos en busca de agua y alimento.

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Es triste lo que veo, seca la presa. Me da tristeza, sentimiento, que mis hijos no pudieron ver la presa llena
agrega don Antonio, mientras dirige la mirada a la amplia extensión de tierra seca que hoy es La Boca

Edificada en la cuenca del Río San Juan, la construcción de la presa fue impulsada por el banquero Rodrigo Gómez, originario del municipio de Linares y quien fue director del Banco de México (Banxico) entre 1952 y 1970, en el periodo conocido como “desarrollo estabilizador”.

Su propósito fue dotar al Monterrey metropolitano de una fuente de agua.

La construcción de la presa, cuyo nombre oficial es precisamente Rodrigo Gómez, inició en 1961 y fue concluida en 1963 sobre una superficie original de 455 hectáreas y con una capacidad de 37 millones de metros cúbicos.

La presa es alimentada principalmente por el arroyo La Chueca, que nace en la Sierra Madre Oriental, y que alimenta el Río San Juan, que a su vez desemboca en el Río Bravo.

La Boca pronto se convirtió en un atractivo turístico para los neoleoneses y en sus tiempos de bonanza recibía hasta 10 mil personas diarias en temporada vacacional y unas cinco mil durante los fines de semana y días festivos.

La gente aprovechaba para hacer carne asada a las orillas del cuerpo de agua o pasear en catamaranes, lanchas y motos acuáticas.

De acuerdo con datos del Ayuntamiento de Santiago, el turismo en La Boca dejaba, cuando había agua en la presa, alrededor de 400 millones de pesos al año.

Hoy es diferente. A la falta de agua para la zona metropolitana de Monterrey se suma la falta de empleo que agobia a los prestadores de servicios, pescadores y restauranteros de Santiago que viven de la presa La Boca.

Ramiro Olvera señala al enorme catamarán varado en la tierra seca: “ahí quedó, hagan de cuenta que algo succionó el agua, que le quitaron un tapón y no hubo chance de sacarlo”.

Las instalaciones de El Capitán, cuyo atractivo es el paseo en catamarán, hoy están cerradas; a lo lejos, custodiados por la policía, trabajadores de la empresa Agua y Drenaje de Monterrey bombean lo poco que queda de líquido, que, de acuerdo con el titular de la empresa, Juan Ignacio Barragán, alcanzará para dotar de agua a la ciudad al menos 20 días.

La fauna que habitaba la presa, que incluía especies como el robalo, la tilapia, la perca sol y el langostino, se ha visto afectada o está prácticamente extinta por los bajísimos niveles de agua. Estas especies son las que se ofertaban en pescaderías como la de Ramiro.

Sin agua y sin peces, otras especies también se vieron impactadas, tal es el caso de aves como la garza blanca, el águila pescadora, además de algunos tipos de gorriones y golondrinas.

Conforme se fue vaciando la presa La Boca se encontraron algunas tortugas que tuvieron que ser rescatadas y se detectó la presencia del pez diablo, que no es nativo de la zona.